El mejor capital de las naciones del mundo no se encuentra en sus recursos financieros o tecnológicos, ni siquiera en sus recursos naturales. Definitivamente no.
Suiza, por ejemplo, cuenta con una población de 7´344,000 habitantes y su superficie apenas alcanza los 41,288 kilómetros cuadrados, de los cuales las tres cuartas partes de su territorio se encuentra ocupado por grandes montañas. Sin embargo, en sus pocos kilómetros cuadrados disponibles se pastorea y cultiva sólo cuatro meses al año (en los demás meses las condiciones climatológicas no son favorables), pero produce los mejores lácteos de todo el continente europeo; cuenta con una de las flotas navieras más grandes del mundo y ni siquiera tiene océano; tampoco tiene cacao, pero elabora chocolates de alta calidad y los exporta con significativo éxito; posee poderosas empresas multinacionales, líderes en sus respectivos sectores: Nestlé (alimentación), ABB Asea-Brown-Bovery (electrónica), Roche, Ciba-Geigy y Novartis (farmacia), Swatch (relojería), Winterthur (seguros).
Lo relevante de Suiza es que su recurso humano, pese a que existen tres regiones (alemana, francesa, italiana) posee una mística que le concede la unidad social necesaria para tener una de las economías más estables y de mayor renta per cápita del mundo. Su gente se caracteriza por ser formal, responsable, trabajadora, sencilla, minuciosa, orgullosa y muy celosa de su intimidad.
Japón es otro ejemplo digno de mencionar. Tras su derrota en la Segunda Guerra Mundial (1945), quedó en la miseria más severa de toda su historia: dos millones de muertos, el 40% de sus ciudades habían sido arrasadas, su industria quedó totalmente destruida, su agricultura fue esterilizada y, finamente, con un ingreso per cápita de 20 dólares al año.
En la actualidad su población asciende a 126´505,000 habitantes y su superficie alcanza los 377,750 kilómetros cuadrados. Y aunque parezca increíble, el 50% de su población habita en tan sólo el 1% de su territorio, debido a que su superficie es montañosa en un 80%, inclusive no apta para la agricultura. Sin embargo, por ejemplo, gracias a la utilización de abonos y tecnología avanzada, la agricultura es intensiva y tiene un rendimiento muy elevado, la cual genera el 2% de su PBI.
En poco menos de 50 años, Japón ya se había convertido en un país exportador de bienes y servicios de extraordinaria calidad. Asimismo, liderando muchas industrias, sobre todo los mercados del acero, automotriz, fotográfico, óptico, robótica, barcos de gran calado, relojero, electrodomésticos, televisivo, etc.
Pero: ¿en dónde radica el éxito de los japoneses?, ¿cómo lograron reconstruir su industria y modernizar su país conjugando tradición y competitividad industrial, hasta lograr convertirse en una de las naciones más poderosas, en tan corto tiempo?
La respuesta se encuentra en la actitud positiva y optimista de su recurso humano. Los japoneses, con la humildad que los caracteriza, se dedicaron a aprender de aquellas empresas que lideraban los distintos sectores industrializados a nivel mundial, por ejemplo: la industria automotriz norteamericana, la industria relojera suiza, etc. Sus inmensos deseos de superación hizo que se plantearan una estrategia excelente: primero, imitar; luego, igualar; finalmente, superar.
Según los analistas, a pesar de la "burbuja económica" y la crisis de su modelo empresarial, Japón seguirá siendo durante los próximos años la segunda potencia económica del mundo; gracias al recurso más valioso que posee: su gente.
Ahora surge otra pregunta: ¿Y el Perú?
Por Lic. Carlos Ortiz Ponte