Queridos padres:
Mis hermanos y yo esperamos que cuando esta carta llegue a sus manos no interrumpa una de sus discusiones.
Mis hermanos y yo no necesitamos una casa grande o hermosa para ser felices, sino un hogar donde brille el amor en todo momento, un hogar donde reine la armonía y no las diferencias, un hogar donde exista atención y no indiferencia.
Queremos que nuestra casa se convierta en un verdadero templo de amor y respeto donde podamos jugar, reír y hablar con libertad y no reprimirnos por temor a ser castigados.
Queremos que nos escuchen y no que nos digan que se encuentran ocupados en cosas que no comprenderíamos o que no nos corresponde saber.
Cuando nos equivoquemos no nos critiquen ni nos humillen diciéndonos que "somos buenos para nada", si no aliéntennos a ser mejor cada día.
Cuando no cumplamos las normas propuestas por ustedes no nos intimiden, mas bien enséñennos con el ejemplo.
Cuando las cosas nos salgan bien no nos ignoren, compartan nuestra alegría y motívennos a seguir adelante.
Jamás nos comparen con otros niños que no son como nosotros o como desean que seamos porque la verdad es que poco a poco somos como ustedes son.
Recuerden que jamás les pedimos que sean nuestros padres. Fue una decisión de ustedes, ¿no es cierto? No necesitamos decirles que ustedes son nuestros grandes maestros. Ya nos enseñaron cómo ser infelices, ahora deseamos aprender cómo ser felices.
Por el amor que sienten por nosotros prométannos hacerlo. Que el próximo fin de mes sea el plazo para lograrlo. Si no es así, en un cuaderno escriban, cada uno, mil veces las frases: "Amar es perdonar", "Que Dios bendiga nuestro hogar".
Muchas gracias por leer esta carta. Los amamos.
Por Lic. Carlos Ortiz Ponte